El encargo
Aparecer cuando una empresa busca su obligación, no cuando busca el nombre de la asesoría. Y en dos idiomas, porque el cliente puede estar en Monterrey, en Bogotá, en Texas o en Fráncfort.
Caso

Una consultoría medioambiental mexicana que vende a Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá y Europa. No pidió «una web bonita»: pidió que la encontraran las empresas que tienen una obligación ambiental que cumplir, en cualquiera de esos cuatro mercados y que acaben escribiendo.
El encargo
Aparecer cuando una empresa busca su obligación, no cuando busca el nombre de la asesoría. Y en dos idiomas, porque el cliente puede estar en Monterrey, en Bogotá, en Texas o en Fráncfort.
Qué hicimos
La web entera y lo que va antes de ella. El estudio del negocio y de a quién se le habla, la arquitectura de contenido, los textos, el diseño, las ilustraciones y animaciones, la medición y la publicación.
Estado
En producción, en español e inglés, con el dominio, el código y las cuentas a nombre de la asesoría.
Cómo se trabajó
Casi todas las webs que no funcionan están bien hechas. Fallan antes: nadie decidió a quién se le hablaba. Éstos son los tres acuerdos que se cerraron con EcoAsesoría antes de abrir el diseño. De ellos sale todo lo demás.
01
El cliente de EcoAsesoría no busca «consultoría ambiental». Le acaba de llegar una exigencia de fuera y trae fecha.
El análisis de mercado apuntó a una sola persona: quien dentro de una empresa industrial tiene que contestarle a alguien de fuera. Al comprador que pide la huella del producto, al auditor que revisa la evidencia, a una licitación que no deja entrar sin el dato o a la aduana europea cuando aplica el CBAM. No es un perfil ambiental: es comercial, con un problema técnico encima y sin tiempo de volverse experto. Por eso cada página arranca por la exigencia que ha recibido, con su nombre, no por los años de experiencia de la asesoría.
02
EcoAsesoría no vende informes. Lo dice su propia web: los datos se transforman en decisiones.
Su catálogo tiene once servicios técnicos —huella de carbono, ciclo de vida, CBAM, auditorías, huella hídrica…— y ninguno es lo que el cliente quiere comprar. Lo que compra es poder contestar: al comprador, al auditor, al pliego de la licitación, a la aduana. Esa frase ordena la web entera: primero la decisión que va a poder tomar, después la evidencia que la sostiene y el catálogo al final. Es también lo que separa a EcoAsesoría de quien entrega un PDF y se va.
03
Una puerta de entrada por cada forma de tener el problema. Las cuatro terminan en el mismo sitio.
La web se organizó en cuatro familias de páginas —servicios, sectores, recursos y blog—, cada una escrita para una manera distinta de llegar. Quien ya sabe qué necesita busca el servicio por su nombre; quien no, busca por su industria; quien está comparando entra por recursos; y quien todavía está entendiendo la exigencia llega por un artículo. Las cuatro existen en español e inglés y las cuatro acaban en la misma llamada: solicitar una evaluación. Ni tres botones compitiendo ni páginas que terminan en un callejón.
La línea de actuación
Con el cliente objetivo decidido, el mismo texto tiene que hacer dos cosas seguidas: primero que esa persona encuentre la página cuando busca su problema; después, que termine escribiendo sin tener que llamar a nadie. Si solo hace lo primero, llega tráfico que se va.
Cada uno de esos cuatro pasos se sostiene en una decisión concreta, tomada al montar la web.
El aspecto
Quien contrata cumplimiento normativo compra rigor. Una web con pinta de folleto de agencia le resta credibilidad a quien la firma.
De ahí un verde sobrio en vez del verde brillante de catálogo, mucho blanco, tipografía grande y ninguna floritura: tenía que parecer un informe bien hecho. Las ilustraciones y las animaciones son propias y están donde explican algo —un proceso, un plazo, una comparación—, nunca de relleno; una animación que no enseña nada solo retrasa la lectura. Y todo con contrastes y tamaños que cumplen accesibilidad AA, que además de ser lo correcto amplía a cuánta gente le sirve.
Dónde vive
La web se compila entera antes de publicarse y se sirve desde la red de Cloudflare. No es un detalle de fontanería: es lo que hace que vaya igual de rápida desde Ciudad de México que desde Toronto o Fráncfort, que no se caiga cuando sube la visita y que no haya nada que un atacante pueda tumbar.
Entre quien abre la página y la página no hay nada que se pueda caer: ni servidor de aplicación, ni base de datos, ni panel de administración.
Mejora continua
Una web de captación no se entrega y se olvida: se mira qué búsquedas traen gente, qué páginas convierten y cuáles no, para corregir lo que falla. Un lado del ciclo construye y publica; el otro comprueba qué pasa de verdad y recoge lo que hay que mejorar. El camino entero está automatizado, así que publicar deja de ser un acontecimiento.
Media hora para ver a quién le tendría que hablar vuestra web y qué falta para que os encuentren. Sin compromiso.
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